Mostrando las entradas con la etiqueta TIPS DE BELLEZA. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta TIPS DE BELLEZA. Mostrar todas las entradas

viernes, 3 de marzo de 2017

Copa Menstrual, la utilice por primera vez y hay hay hay

Para  las mujeres alrededor de los 30, la copa es un implemento relativamente nuevo y bastante sorprendente.

 Si para nosotras los tampones ya eran innovadores y casi transgresores, ni hablar de este objeto extraño, de un tamaño sospechoso y del que resulta muy fácil desconfiar.
No tengo muy claro en qué momento se empezó a volver una tendencia o una moda, lo que sí sé es que en los años 30 un actriz norteamericana patentó esta campanita hecha de caucho y látex pensada para que la mujer tuviera mayor comodidad durante sus periodos encontrándose con un enorme muro por cuenta del monopolio de las toallas higiénicas. Es decir, de nueva pocón pocón.
Después de empezar a oír de su existencia y de sus beneficios a través de varias personas, medios y chismes sentí curiosidad y decidí informarme un poco mejor e intentarlo.
Compré la mía y con escepticismo y un poco de impresión abrí la caja y saqué mi copa. La miré, la re- miré, la toqué, la espiché, la volteé, me la imaginé dentro de mi cuerpo y me siguió pareciendo una extraña total.
Ahí se quedó, sola y olvidada un buen par de días hasta que llegó el momento decisivo de conocernos de verdad verdad. ¡Era ahora o nunca!
Me leí de principio a fin las instrucciones tratando de poner especial atención a los dibujos. ¡Qué diferentes nos vemos por dentro, Dios! Cuando terminé de leer respiré profundo y me aventé.
La teoría parecía sencilla, la práctica… no tanto.
¿Que diablos significa doblar la copa en forma de S o de U? ¿No les queda más fácil decir que debe doblarse por la mitad?
Toda la vida he sido del equipo Tampón, así que no era una cuestión de impresión el pensar en introducir la copa, era más una cuestión de método. Ya entraré en detalles para las que quieran, por el momento sigamos con la experiencia.
Después de luchar conmigo misma y de una par de intentos fallidos creí que lo había logrado, estaba adentro. Créanme, la primera vez uno no tiene muy claro si lo hizo bien o no. Como muchas cosas en la vida se trata de prueba y error y de algo de práctica. Caminé y di vueltas por la casa, salté y levanté las piernas… todo parecía en orden así que me sentí con la suficiente confianza de salir a la calle acompañada de mi nueva amiga. 
¿Qué pasó?
Absolutamente nada. Comodidad total al punto que me tocaba recordarme a mí misma que tenía una extraña viviendo en mi cuerpo. Lo único que sí noté fue una sensación de querer hacer pipí más seguido, pero de resto un día como cualquier otro.
Lastimosamente no hay felicidad completa y la verdadera tortura llegó al momento de sacarla. No es fácil, tienen su ciencia y las explicaciones de las instrucciones se quedan un poco cortas a la hora de explicar el momento de la extracción.
No lograba sacarla, me iba dando un patatús y llegué a extrañar mucho la cuerdita del tampón. Me imaginé teniendo que ir al hospital y pasar por la vergüenza de que me dieran una mano (literalmente) allá.
Después de mil intentos y cuando ya la iba perdiendo volví a respirar profundo, a leer las instrucciones y a dejar que el cuerpo hiciera lo suyo. Salió, ¡aleluya! y entonces también hubo una primera vez. La primera vez de enfrentarse a su propio período, a su sangre, a aquello que nos pasa mes tras mes pero nunca miramos a la cara.

Aunque puede sonar un poco impresionante, en verdad  es más una tara que cualquier otra cosa. Hace parte de nosotras, es la esencia misma de la vida y no tiene por qué ser un tabú. Además, desde el punto de vista de la salud, es una buena forma de saber si todo está en orden alla adentro y de detectar anormalidades.
Yo suspiré aliviada y decidí que le iba a dar el chance todo el resto de los días de regla que me faltaban y, aparte de un día que me la puse mal y por eso sentí dolor y molestia, todo fluyó divinamente. Mi montada diaria en bicicleta fue como cualquier otra y a los pocos días ya le tenía el tiro más que cogido.
Desde entonces vivo feliz y dichosa con mi copita, amo no tener que pensar mes a mes si tengo tampones o no, lo caros que son y el nivel de desperdicio ambiental que generan. Hasta la sacada es ya mecánica. En pocas palabras, ya no vuelvo atrás.