Una típica familia de clase media formada por el padre, la madre y un hijo de cinco años, hicieron un gran esfuerzo económico y por fin pudieron comprar la casa de sus sueños. Ahora solo les faltaba tener el auto que necesitaban y para ello empezaron a ahorrar.
El niño tenía una pasión, pintar. Constantemente se le veía con sus lápices de colores pintando cualquier cosa que le llamaba la atención; precisamente estaba pintando cuando llegó el día tan esperado por toda la familia; el sueño se había cumplido y papá apareció con un precioso auto nuevo. Para celebrar el acontecimiento, decidieron ir a pasar un fin de semana a las montañas y naturalmente el niño preparó su arsenal de pinturas, quizás con la idea de pintar un lindo paisaje.
En el camino pararon un momento y mientras el padre se encargaba de llenar el tanque de combustible, la mamá fue a comprar algunas provisiones. Como hacía bastante frío, el niño se quedó en el auto esperando a sus padres.
Como pasaba el tiempo y el niño se aburría empezó a sacar sus lápices, pero había un pequeño problema, no tenía ni una hoja de papel, así que empezó a dibujar y pintar con gran entusiasmo sobre el tapizado de los asientos.
Cuando sus padres regresaron y vieron lo que había sucedido, se enfadaron muchísimo. El padre se enfureció de tal manera, que cegado por la situación golpeó con fuerza las manos del pequeño con el llavero del auto. No era lo que pretendía, pero le causó tanto daño que tuvieron que llevarlo de urgencias al hospital más cercano.
Las lesiones eran muy graves y tuvieron que operarlo de urgencia. Aunque los doctores actuaron correctamente y la operación fue bien, no pudieron evitar que parte de los dedos del niño fueran amputados.
Cuando el niño despertó de la anestesia el padre entró en la habitación. Pensaba encontrarlo triste, asustado, pero el niño estaba sentado y tenía una sonrisa llena de dulzura y amor. De pronto el niño se puso serio y dijo: ¡¡Hola papi… creo que ya aprendí la lección, te prometo que no lo voy hacer mas¡¡ Pero por favor dile a los médicos que me devuelvan mis deditos.
Ya era tarde para cambiar las cosas, pero el hombre se dio cuenta de que había cometido la estupidez más grande de toda su vida. Las palabras de su hijo le dejaron tanto dolor y culpabilidad en su corazón, que salió de aquel lugar con deseos de quitarse la vida.
Muchas veces la insensatez, imprudencia, intolerancia e irracionalidad, nos pueden llevar a cometer errores que luego estaremos pagando durante toda la vida. Errores que ni el arrepentimiento más profundo puede cambiar.
«La felicidad de esta familia duró unos meses, unas semanas, unos días unas horas… pero el dolor y el sufrimiento duró para siempre. Antes de actuar, piensa en las consecuencias»