En el pasado, las mujeres debían soportarlo absolutamente todo y, a menudo, sin encontrar ningún arcoíris al final del camino. Hoy, son muchas las mujeres que piensan que no tienen por qué soportarle o aguantarle nada a ningún hombre, que no tienen que ceder en nada, que no tienen por qué considerar la opinión de su pareja, que si él se pone difícil, ella se irá , que si las cosas se enfrían, ella no tiene por qué luchar para mejorarlo, etc. ¿Y sabes qué?
Es cierto que no tenemos por qué soportarlo: ¡No estamos obligadas a hacerlo! ¡Podemos mandarlos al carajo! ¡Y, además, muchos se lo merecen! Pero claro, si no estamos dispuestas a soportar nada, si no estamos dispuestas a aguantar alguna que otra tormenta, si no nos da la gana tener paciencia y bastante mano izquierda, al final (al menos en el tema de las relaciones de pareja) nos quedarán pocos arcoíris que contemplar…
Que nadie se enfade, pero a menudo son las mujeres que están solas las que más duramente hablan de los hombres, las que nos aconsejan que no tengamos tanta paciencia con ellos, la que nos instan a rebelarnos, las que nos critican cuando perciben que cedemos en algo. Sin embargo, la tierra está repleta de señoras que llevan cincuenta años casadas con hombres que merecieron la pena. Hombres que las respetaron y que las valoraron. Ellas también nos dirán que no hay matrimonio sin tormentas, pero que les mereció la pena enfrentarse a ellas y que disfrutaron de las victorias. Espero que todas podamos ser capaces de vivir una vida plena, con muchos arcoíris en nuestro cielo.

Por supuesto, a veces el arcoíris sale cuando finalizamos una relación destructiva. Y muchas otras veces, el arco-iris aparecerá en la calma que llega después de la tormenta.
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