Mi querida amiga, hermana del alma, las palabras que hoy te escribo nacen desde lo más profundo de mí.
Te miro y mi corazón se rompe al igual
que el tuyo, en mil pedazos, en fragmentos que parecen infinitos, que
cortan como dagas envenenadas la piel.
Sé muy bien que más que el
corazón, te ha desgarrado la vida. Ha roto sin previo aviso un pedazo de
ti, la ilusión de caminos e historias compartidas durante mucho tiempo.
Pero te ruego, si no me escuchas, léeme.
Te lo digo por experiencia, él no te merece. Porque mientras fuiste suya
dejaste de ser tuya. Porque intentaste complacer caprichos ajenos y
llenar vacíos que no te correspondían.
Porque a una mujer como tú se le
demuestra amor verdadero, no se le promete. A alguien tan entregada y
apasionada se le considera una musa, no una carga. Se cuentan los
minutos y los segundos de su ausencia, no de su presencia.
Se me eriza la piel con tan sólo pensar en que pudiste haber acabo así, triste y dominada, enmudecida por gritos de agresión y desesperanza.
En cambio, mereces a un hombre que te
haga radiar como la luz del sol. Que te apoye en todo aquello que deseas
y que te impulse a ser mejor cada día. Que te tome de la mano y te
lleve siempre a un lado, no detrás. Que no necesite más que tu sonrisa
para comenzar o terminar satisfecho su día.
Que te admire por cada esfuerzo que haces
por pasar más tiempo con él. Que te tome entre sus brazos y sepa que es
el ser humano más afortunado del planeta por el simple hecho de
tenerte.
Mereces a alguien que te
comprenda, que te obligue a encontrarte a ti misma y te engrandezca. Que
te escuche sin juzgarte y te ame sin excusas.
Te lo repito una vez más, él no te
merece. Y lo corroboro con el simple hecho de que te dejó machar por
siempre. Quédate tranquila, el indicado jamás lo hará.
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