Sin darme cuenta nuestra amistad comenzó a transformarse a pasos agigantados en algo que se nos fue de las manos y de la misma manera tan fugaz terminó.
No sé en qué momento empezamos a jugar al gato y al ratón, donde claramente yo era el ratón. No sé si es mejor recordar lo que vivimos o imaginar a donde pudimos llegar, pero en cualquiera de las dos situaciones me doy cuenta que vos y yo no estamos hechos a medida.
YO CON MI DESINTERÉS PINTADO Y EL CORAZÓN ARREBATADO Y tu TAN CONFORMISTA Y DESCARADO, SIEMPRE CON UN RAMO DE DECEPCIONES Y UNA CAJA DE DESILUSIONES A LA PUERTA DE MI CASA.
Los dos siempre con las ganas y las desganas de estar, de hacer, de vernos, de comernos. Los dos siempre montados en el mismo vagón de la montaña rusa, subiendo y bajando, acelerando sentimientos y a la vez contentos.
Espontáneos, siempre libres y entregados pero a la vez distanciados. Descubriéndonos a nosotros mismos cómo poco a poco nos convertíamos en algo que nunca imaginamos pero que ya no queremos volver atrás. Intercambiamos letras, canciones y poesía para después torturarnos en la lejanía. Nos fundimos en risas, alegrías, besos, abrazos, cervezas, caricias, libros y cigarros.
NO SUPIMOS ESTAR JUNTOS PERO TAMPOCO SEPARADOS, NOS QUERÍAMOS MIENTRAS NOS ODIÁBAMOS, FUIMOS LA COMBINACIÓN PERFECTA DE PECADO Y DESENFRENO MEZCLADO CON ROMANCE Y TERNURA.
Fuimos silencio, incertidumbre, desconfianza y cinismo. Me llevabas de paseo al cielo y al infierno en una misma jornada, éramos luz y oscuridad, calor y frío, tormento y consuelo, yo verdad y vos mentira, yo cuestionaba presentimientos y vos negabas sentimientos.
A pesar de que cada día nos perdíamos más no dejamos de querernos con la misma intensidad, a pesar de que nos topamos en un momento equivocado, no niego que a tu lado viví las experiencias de mayor dicha y felicidad.
En un juego de tira y afloja nos fuimos desgastando, de risas a llantos, de alegrías a tristezas, no supimos querernos pero tampoco olvidarnos, nos fuimos hartando de ese adictivo vaivén o al menos, yo lo hice.
Porque cuando empezaba a olvidarte, aparecías de nuevo, arruinando todo lo que comenzaba a construir, y te ibas, otra vez. Cuando empezaba a sanar aparecías solo para dañar. Incluso cuando pensaba volver, aparecías como siempre, hecho una contradicción, y quizá fue eso, tu maldita intermitencia lo que me motivó a actuar, que estás y te vas, querés y no querés, intentas pero te rendís.


No hay comentarios.:
Publicar un comentario