El amor verdadero se construye a diario
Un
amor de verdad, no de película romántica con final Feliz como siempre, se construye cada día sin leyes y sin
horarios. Un amor leal no es aquel que lo sabe todo de ti, sino aquel que no
necesita saberlo y que respeta y te acepta tal cual tu eres.
Puede comprender tu pasado y tu
presente y no se ciega. Es aquel al que no se le traiciona, al que no se hiere,
al que no se abandona. El amor verdadero es el que no se despide porque no se
va, el que da seguridad y no miedos, el que ofrece confianza y no dudas.
La
sinceridad se basa en el respeto de descubrir cada día las virtudes y los
defectos de nuestra pareja, de apreciar los pequeños detalles y de sumergirnos
en la cotidianidad de la permanencia del querer.
La
confianza de saber que hay un lugar en el que, aunque se desmorone el mundo,
puedes estar seguro y protegido. Un amor verdadero no requiere formar un equipo
perfecto, sino uno fuerte y decidido.
El amor perfecto es imposible,
pero el
verdadero sí que existe. Es aquel al que se le conoce por lo que ofrece y no
por lo que exige. Aquel que le saca una sonrisa al alma, aquel que no somete.
En definitiva, un amor de naranjas enteras con su zumo y sin exprimidor. Lo que para unos son
obstáculos y fracasos, para otros son oportunidades y aprendizajes. Tú decides.




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