Se dice muy comúnmente que en
cuanto a problemas de pareja, la peor parte siempre se la suele llevar la
mujer. Hoy día las infidelidades son tan recurrentes que parecen haberse
convertido en el pan nuestro de cada día.
Tú, mujer amante, no te dejes engañar, no te dejes desvalorizar, mereces salir
con tu rostro levantado y con la mejor de tus sonrisas, exhibiéndote con tu
hombre y gritándole al mundo entero que eres amada.
Cada una de las dos partes
tienen sus propias razones, por un lado está la esposa a quien le sobran
razones para continuar en un matrimonio, y por la otra está la amante a quien
le sobran razones para no dejar esa relación en la que sólo está ocupando un
segundo lugar en la vida del hombre, luego está el hombre que lo único que hace
es gozar de las dos mujeres que le aceptan lo que diga, lo que quiera y cuando
lo quiera. Siempre se darán opiniones y hasta excusas y todas a cuales más
aceptables; dependiendo de nuestro punto de vista, ponemos muchas veces de
excusa al corazón, aduciendo que en el ninguno manda y que no se le puede
“ordenar” que ame o deje de amar a alguien sin importar el estatus de la otra
persona.
Por lo general, la mujer
amante nunca gozará de su compañía en fechas especiales, ni siquiera en fines
de semana. Sin embargo, muchas veces las amantes cuentan con lujo de detalles
que “él siempre está presente y que llevan una relación muy bonita”. Valdría la
pena que éstas se preguntasen qué es una relación bonita. ¿Se le podrá llamar una relación bonita a, por ejemplo, no poder
planificar algo especial como una cena o ir a un restaurante? Aún si esto fuera
posible, seguramente no se sienta tan bonita si él no puede aparecer en público
o tiene que cancelar los planes realizados por cuestiones familiares.
El hombre siempre va a tratar
de cubrir sus obligaciones prioritarias, y su familia claramente lo será
siempre, incluyendo hijos y esposa. Veámoslo del punto de vista “amante” ¿es
que sus sentimientos no cuentan? ¿Acaso no todas las mujeres merecemos ser
amadas sin tener que escondernos? No
existe amor prohibido ni hombre ajeno, porque es bien sabido que nadie es dueño
de ninguno, pero sí existen formalidades y principios que se deben mantener
presentes. Por supuesto que mucha gente, hombres y mujeres, creen que
ciertas formas de comportarnos en las relaciones afectivas son las correctas,
mientras para otras son totalmente equivocadas, hay muchas mujeres amantes que
creyendo todas las mentiras del hombre se quedan en esa relación, aunque en
ello esté en juego su estabilidad emocional y muchos otros principios morales
que de una u otra forma, están presentes.
¿Qué pasa cuando una relación ilícita es
descubierta? El ser humano se convierte en el acusador y en el acusado, en juez
y abogado defensor, la amante defiende su relación aduciendo que “ese
matrimonio ya estaba destruido antes de que ella llegara”, la esposa acusa a la
amante de ser la culpable de destruir su familia, el público acusa a las dos, a
una por meterse por el medio y a la otra por quedarse aguantando al esposo
infiel… y por supuesto está presente el padre amante traicionero, esposo infiel
y traidor a sus juramentos. Cada uno por su lado espera la solución justiciera,
al final no hay ganadores, sólo hay ofensas, llanto, dolor, una esposa dolida,
una amante abandonada que desperdició los mejores años de su vida, unos hijos
que crecerán con la amargura de la traición del padre, y un esposo que perdió
toda la confianza de la esposa.
El amor es una forma de
expresión del ser humano que no puede o no debe ser limitada por reglas,
y convencionalismos, pero no se pueden olvidar nuestros principios, el respeto
a nosotras mismas, respeto que estamos violando cuando nos prestamos a una vida
de amantes, por demás esta mencionar lo que de antemano se sabe, el sufrimiento
que se provoca a terceros por “buscar el amor en la persona equivocada”.
Hay que meditar: Si nos
enamoramos de una persona casada, no sólo nos hacemos daño a nosotras mismas
pues hay muchas más personas involucradas en lo que muchas veces le llamamos
“nuestra felicidad”. La felicidad no hay que buscarla en los demás, hay que
buscarla en nosotras mismas. No importa cuánto deseemos la felicidad, siempre
debemos mantener presente que la moneda tiene dos caras, y todo cuanto
provoquemos de dolor y sufrimiento a una esposa e hijos por ponerle atención a
un hombre infiel un día cualquiera se nos volverá en contra, y por lo mismo que
ahora llora una esposa,algún día lo lloraremos nosotras cuando también seamos
engañadas por el mismo infiel.
Tú, mujer amante, vales mucho
más que para ser simplemente la segunda, la otra. Mereces mucho más que ser la
diversión y entretenimiento de un hombre casado que además


No hay comentarios.:
Publicar un comentario