Realmente ser la segunda no
fue algo que haya planeado, nunca pensé que llegaría a enamorarme así de ti, a
ilusionarme, a poner mis sueños y aspiraciones alrededor de ti… Pero
lo hice y así aprendí a ser la amante y aunque muchos piensas que es un papel fácil,
mi situación es aún más difícil de la posición en la que se encuentra tu esposa.
Cuando empezamos nuestra relación, yo sabía muy bien dónde
estaba parada, siempre supe que eras casado y que repartirías tu tiempo entre
ella, tu trabajo y yo; no me importó porque me dedicabas el tiempo suficiente,
justo el que yo necesitaba, además podría verte en el trabajo y eso le daba un plus
extra. Rápidamente me enamoré de ti, de
la forma en que me hablabas y me tratabas, incluso me contabas
sobre tu familia, tus hermosos hijos y tu esposa.
Me pediste que no me comparara con ella y me dejaste muy claro
que era ella la que estaba al principio de tus prioridades, además me pediste
en múltiples ocasiones que tuviera cuidado con mis sentimientos hacia ti, que
tú no podías corresponderlos y que de hecho ni siquiera sentías de la misma
manera que yo, tú me querías, pero solo de una forma física; nunca pondrías tus
sentimientos en mí… Me lo advertiste y yo tuve que aprender a vivir con eso…
Aprender a ser tu amante aunque mi más grande anhelo es un día poder ser algo más
que ello.
Desde un principio me dijiste cuáles serían los horarios en los
que podría llamarte o mensajearte, nunca cuando estuvieras en casa, sólo cuando
estuvieras en tu trabajo o tu esposa en el de ella; no fue difícil
memorizarlos, en resumen podría llamarte todas las noches, pero aunque tuviera
tu permiso, eso no significaba que tú fueras a contestar; en ocasiones pasaban
días antes de que tú te dignaras a responder un mensaje, incluso pasaban
semanas antes de que pudieras siquiera llamarme… No me importó, así me
enseñabas a ser tu amante.
De las fechas importantes ni hablar, todas serían para tu
familia, nunca me lo dijiste, pero yo lo aprendí con el tiempo; con los años
entendí que ni san Valentín, ni Navidad, ni año nuevo serían para mí… Serían
para tu maravillosa familia y de hecho ni siquiera mi cumpleaños lo pasarías
conmigo, ese día sería para tu hijo, que para mí desgracia cumplía años el
mismo día que yo… Esos días triste y sola también me enseñaron a ser tu amante.
Aquellos difíciles días en que necesitara un fuerte abrazo,
tampoco serían para mí; ese día en el que me enfermé, pasé una semana entera en
cama sintiendo que moría y quise llamarte sin obtener respuesta, eso me lo
confirmó; al igual que aquel horrible día en el que choqué mi auto y quise
llamarte en busca de ayuda y no respondiste; o aquel día en el que discutí con
mi familia y llamé para pedirte que salieras conmigo, que me distrajeras… Pero
sólo dijiste: “Hoy
no puedo”. Todos
esos difíciles días de sufrimiento me enseñaron a ser tu amante.
Pero nunca aprendí
bien; no aprendí a no llamar por las mañanas, no aprendí a no llamar en las
fechas importantes, o cuando estuviera enferma o triste… No aprendí que pase lo
que pase, sólo estarás para mí cuando tú quieras estar, porque después de todo: SÓLO SOY LA AMANTE y AUNQUE SE ME PARTE EL ALMA
EN DOS HOY TE DIGO ADIOS POR QUE PARA TI
SIEMPRE SOLO SERE TU AMANTE
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