Tomar una decisión
para terminar lo que se piensa que es el amor, es de valientes, pero también de
mujer inteligente, piensa mujer amante, que ellos, los hombres casados no
alteran su vida
¿Por qué tú debes
alterar la tuya? ¿A cambio de qué? Eres mujer, eres valiosa, eres bella no te
conformes con sobras de lo que al casado le sobra.
Cuando un hombre
quiere conseguir de una mujer lo que le apetece, miente acerca de su estado
civil, se congratula con la mujer con detalles y atenciones propias de un
hombre soltero y se lanza a la conquista sin medir consecuencias que sus
acciones cobardes acarrea, no solo para su hogar, sino también para la
potencial amante que inocentemente cae en su maraña de mentiras.
¿Pero qué pasa cuando la amante descubre que
es casado y aun así continua con la relación que según ella, es lo mejor que le
pudo pasar?
Después de conocer
la verdad empieza otra etapa y una nueva gama de mentiras de parte del hombre,
ahora ya sabe porque no lo veía los fines de semana, ahora ya sabe que no fue
por el trabajo, sino porque estaba con su esposa e hijos. Perdóname, no debí
mentirte, pero no quería perderte. Mi esposa y yo ya no nos entendemos. Estoy
con ella por mis hijos. Eres lo que siempre espere. Me trata muy mal. Dame
tiempo, pronto estaremos juntos. Es una gritona. Tú eres la recompensa a todos
mis sufrimientos con ella. Y la larga lista de etcéteras podría seguir, la
mujer amante o en peligro de convertirse en amante, no se plantea así misma si
vale o no la pena involucrarse o seguir en una relación que puede convertirse
en una dolorosa pesadilla de la que le será muy difícil despertar,
¿Por qué no alejarse antes que la pesadilla
empiece?
Y si ya se está en esta relación ¿Por qué no
poner en perspectiva la oportunidad de conocer a alguien sin compromisos y
salir de ese triangulo que eventualmente le limitara espacio en la vida de un
hombre casado?
Ningún ser humano es
dueño de otro, pero tú, mujer amante, tú sí eres dueña de ti misma, de tu
voluntad, de tu amor propio y sobre todo eres dueña de tu delicadeza de mujer,
eres dueña de tu corazón al que debes resguardar de heridas muchas veces
difíciles de sanar.
Tú sí puedes evitar
el dolor de una familia que muchas veces ignora la infidelidad del esposo, y lo
más importante, tú sí puedes evitar tu propio sufrimiento, porque es bien
sabido que el sufrimiento no se limita sólo a la esposa e hijos.
También la amante sufre, por promesas
incumplidas, por momentos furtivos que solo le dejan vacío, soledad, y el dolor
de saber que su relación solo se limita al espacio de la sombra y la
clandestinidad, a espacios de lugares donde el hombre puede dar rienda suelta a
sus instintos sin comprometer su estatus de hombre casado y respetable “devoto”
de su familia.


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