Yo
sólo quería una historia de amor contigo, pero acabé dándome
cuenta de que sólo estabas esperando a que me fuese de tu vida. No
luchaste por este amor, no hacías nada por mejorar nuestra relación, y no me
dejaste motivos para seguir contigo; yo era la única que veía el amor, y
terminé por darme cuenta de que no me necesitabas.
En mis largas y desveladas noches, mi mente
buscaba motivos para seguir contigo, razones para seguir a tu lado, y cada vez
encontraba menos… Me condenaste a largos días y noches de sufrimientos, siempre
atenta al calendario para saber cuándo tendrías más tiempo que dedicarme, pero
eso nunca sucedía, me tenías pero no me apreciabas, tenías mi presencia pero no
la disfrutabas, gozabas de mi compañía pero sin darme nada, sólo tomando de mí,
aprovechándote de mí, pero sin hacer nada por nosotros dos.
Decidí irme de tu lado, y ojalá lo hubiese
hecho antes, porque dejarte es sin duda lo que era mejor para mí. Contigo
estaba condenada a sufrir, esperando tiempos mejores que nunca llegaban, con la
esperanza rota de que un día volverías a ser quien una vez fuiste para mí, pero
ese momento nunca llegó, y sólo me hacías sentir mal. No fue fácil dejarte, fue
duro para mí, claro que sí. Lo era porque yo había puesto mi corazón en ti, te
había dedicado mi tiempo y lo mejor de mí.
No es sencillo
reconocer que nuestra relación fue una inversión fallida para mí, que apostando
por ti perdí, que obtuve mucho menos de lo que te di, que todo te entregué y
nada me quedé. Es duro darse cuenta de que aquel a quien yo tanto quería no me
quería a mí del modo que yo necesitaba. No fue fácil decirte adiós, pero sí lo
mejor que pude hacer. Recuerdo intentar arreglar nuestra situación una y otra
vez, darnos oportunidades, y seguir teniendo fe en ti y nuestro amor. Pero en
esas largas conversaciones sólo se escuchaban palabras emotivas, pero falsas y
sin compromiso; llenas de promesas de cambios, pero sin hechos que les
prosigan.
Me sentí como si yo
fuese un segundo plato para ti, que recibía un trato de amor muy por debajo de
lo merecido, sentí que tus promesas nadaban en un mar vacío de emociones e
intenciones, carente de amor y sentimiento. Dejaste de hacerme sentirme amada,
feliz y orgullosa de ti; tenía la impresión de que ya no disfrutabas conmigo, y
yo no quería una relación así, no me conformaba con trozos de tu tiempo, nada
de lo que me dabas me hacía sentir que valorabas mi presencia. Sentí que te era
cómodo tenerme, pero que no sabías apreciar y valorar a quien realmente tenías
a tu lado. No supiste valorarme, y me perdiste.
Hoy no me arrepiento de nada, el tiempo
perdido lo tomo como experiencia, los sufrimientos como parte de la vida que
nos toca recorrer; decido ser mejor que eso, decido ser la mujer que no se
conforma con mezquinos ratos de mentiras de amor, porque eso
era al final todo cuanto me dabas… sólo historias falsas. Es verdad
que no es fácil el olvido, pero hay que reconocer que con personas
como tú se hace más sencillo, pues no vales nada para mí. Y para la siguiente
mujer en tu vida, temo que será más de lo mismo, porque no sabes dar amor, y
menos aún valorar lo que te entregan.
Este es sólo mi comienzo, estoy en la plenitud de mi vida
y siempre lucharé por mi dignidad, no dejaré que nadie juegue con
mis sentimientos. Aquel que juega con los sentimientos de quien le da su
corazón, no merece nada, sólo vagar en solitario como una abeja que va
de flor en flor; pero yo soy una mujer bien planteada en la vida y no me
prestaré a esos juegos. A ti, querida lectora, si vives un amor así, corre lo
más lejos que puedas, hazte valer y respetar, ve por la vida con dignidad.
Puede doler, pero hay veces que hay que saber decir basta y adiós.



No hay comentarios.:
Publicar un comentario