Cuando te conocí, el miedo de abrirle a alguien mi corazón por primera vez fue enorme. Miedo a la incertidumbre, miedo a abrirme y entregarte todo eso que me conforma y que pocos conocen. Miedo de hacer una mala inversión en ti. Miedo de aparecer vulnerable. Miedo de que tal vez, un día me dejaras y llegara a mi vida el dolor. Miedo de sufrir, miedo de no poder olvidar.
Al final aposté por ti, por nosotros. Me ganó el deseo de conocerte y poco a poco logré abrirme. Te di entrada a mi vida, te entregué todo: mis sueños, mis miedos, mis historias. Te canté mis canciones favoritas y te llevé a todos esos lugares que amo. Deposité en ti mi confianza y me deje caer a tus brazos. Dije “te amo” por primera vez y por un segundo pensé que sin ti, no podría vivir. De pronto ya ni siquiera recordaba una vida previa a ti.
Cuando pienso en el pasado, no me arrepiento de haber invertido en ti, de haberme abierto contigo, de haberte dado tanto. Pues yo amé. YO AMÉ. Me permití a mí misma dar y eso es crecer, eso es ser valiente. Tú no pudiste.
Al final de todo, te agradezco por enseñarme el amor. Amar es lo más lindo que he vivido y ahora tengo más ganar de entregarme que nunca, entregarme a quien me valore y quien me dé tanto de regreso. Pues gracias porque también me enseñaste lo que ya no quiero. Yo gané.
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