¿Podemos ser amigas de nuevo?
Esa amistad de niñas (las confidentes, las que todo se lo contaban, las
que soñaban con envejecer juntas)… esa amistad se rompió. Las “súper amigas”
dejaron de ser amigas: quizá por traiciones, desacuerdos, falsedades, intereses
diferentes… Y ahora, al encontrarse en un bus o en la calle, se tratan como
desconocidas. Seguramente has pensado en algún momento: “¿qué sucedió?”, “¿será
que algún día podrá volver a surgir esa amistad que un día fue perfecta?” La respuesta
es ….
Si puedes perdonar y reconstruir un
amor, ¿por qué no también una amistad? Quizá muchas veces has pensado: “no la
buscaré, porque ella fue quien me ofendió”, “la que tiene que pedirme perdón es
ella, no yo”, “si ella no me busca, yo tampoco lo haré”… Pero debes saber que
si tú no das el primer paso, ella nunca lo hará, por una sencilla razón:
probablemente, ella esté pensando lo mismo que tú.
No es fácil asumir errores (es de
valientes pedir perdón). Y aunque las cosas nunca sean como antes, si las
dos así lo desean, pueden ser mucho mejor de lo que un día fueron. La amistad
es un valioso tesoro y muchas veces no valoramos las personas que Dios y la
vida nos regala. Herimos muchas veces y dejamos que nuestro orgullo sea más
fuerte que nuestro corazón, que una y otra vez nos grita en silencio: “¡perdona
y olvida!” Si piensas que las cosas aún pueden arreglarse, que pueden hablar
con sinceridad, sin juzgarse… ¡entonces busca a esa amiga que perdiste! ¡Qué
mágico será poner sus vidas al día! Pero con calma, sin forzar nada… Y si al
final no resulta nada, al menos lo intestaste. Al menos perdonaste.


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