jueves, 27 de abril de 2017

¿Cómo se siente la persona que deja?

¿Nos echan de menos alguna vez? ¿Les duele o continúan su vida como si nada? ¿Sufren o se sienten aliviados? ¿No tienen que hacer un duelo? ¿Por qué actúan como si les diese igual? En definitiva: ¿qué siente la persona que rompe la relación?




Muchas de las preguntas que siguen a una ruptura, giran en torno a lo que hace, dice, y experimenta en su fuero interno la otra persona. Nuestra cabeza empieza a funcionar como si fuese la máquina de descifrar Enigma: probamos todas las combinaciones, explicaciones y posibilidades que puedan existir para explicarnos el sentido del universo, si fue antes el huevo o la gallina y qué demonios hicimos para que alguien que nos quiso, ya no nos quiera.

Me habéis pedido en varias ocasiones una entrada que trate sobre los sentimientos de quien se marcha. Para ello, he tenido que traer al presente vivencias de mi pasado, hablar con diversas personas y condensarlo todo en un artículo que no cubre todas las variables, pero sí describe lo que nos sucede cuando dejamos, en líneas generales.
Evidentemente, hay matices en función de cada caso. No es lo mismo una buena relación en la que uno de los dos componentes ha dejado de sentir ganas o voluntad de estar con el otro, que un tortuoso amor tóxico plagado de sufrimiento. Vamos a centrarnos en primera instancia en lo que sería una relación más o menos normal.
Cuando se termina historia en la que ha habido cariño, respeto, amistad, ilusión y proyectos en común, la persona que toma la decisión, ha tenido que reflexionarla y pensarla detenidamente. La ruptura en realidad se viene fraguando tiempo atrás: lo que significa que ha vivido una larga racha de dudas, de comerse la cabeza, de llorar a escondidas, de luchar consigo mismo, de autoengañarse, de intentar aguantar y finalmente, de mentalizarse progresivamente de que la relación ha de ser finiquitada.
Una cantidad sustancial de personas pueden estar debatiéndose así durante años, agarrándose al flaco consuelo de puntuales momentos buenos y pensando que total, ahí fuera se estaría mucho peor. Por esta razón, la mayoría de las rupturas se efectúan cuando aparece una tercera persona. El pánico a la soledad, no a la soledad real, sino a la soledad interior de no ser querido, es una de las mayores fuerzas motrices del ser humano. Si uno se ha visto atrapado en una relación donde no era feliz y no ha sido capaz de dejarla, conocerá el asombroso poder paralizante de un miedo por el cual hacemos las más ímprobas hazañas y sacrificios, incluido nuestra salud y paz mental. Ni por amor hacemos lo que hacemos por miedo.
Cuando te planteas dejar una relación, tienes muchos pseudointentos. Entonces, te ves solo, te ves triste, empiezas a recordar los buenos momentos y de repente, te entra un ataque repentino en el que sientes que no puedes vivir sin esta persona.
¿Recordáis el experimento de Galvani? Este médico y físico tomaba una rana muerta, le aplicaba una descarga eléctrica y por unos breves instantes, se movía como si volviese a estar viva. Algo similar ocurre con los sentimientos: pueden estar muertos, pero la súbita descarga del pánico los retorna brevemente a la vida.
Cuando una persona derrocha promesas de amor repentinas y exuberantes tres días antes de romper contigo, está siendo víctima del efecto Galvani.
Las primeras emociones que aparecen cuando dejas una relación es el alivio, la culpa y el miedo.
Alivio, porque sales de un largo tiempo de dudas que te machacan y por fin tomaste la decisión; culpa, por el dolor que sufre alguien a quien amaste; miedo, porque podrías equivocarte.
El cerebro humano se apega a las sensaciones agradables. El alivio es una sensación agradable. Nos gusta sentirnos aliviados. Hasta ahí, todo bien.
Sin embargo, ni la culpa ni el miedo son sensaciones agradables. El cerebro humano crea subterfugios para huir de aquello que le genera malestar. Hay personas que intentan desplazar la culpa al otro: si tú hubieras cambiado, si me hubieras hecho más caso, si no tuvieses este carácter…
O de la misma manera, se autoinculpan con un martirologio digno de encomio, en lo que podríamos sintetizar con la archiconocida no eres tú, soy yo.
La huida es la respuesta más habitual ante el miedo. No me hables, déjame en paz, no me apetece darte explicaciones, etcétera…
Cuando una persona nos deja y pasan estas cosas, nos parece haber compartido nuestra vida con un completo desconocido. En realidad, no estamos hablando con la persona que conocemos y amamos, estamos hablando con su culpa y su miedo. Y la culpa y el miedo son como los terroristas: no se puede negociar con ellos.
Después de dar el cierre (más o menos) a la cuestión, la persona que deja ha de afrontar, al igual que nosotros, una etapa desconocida, ya sea solo o acompañado. En este punto, cobra más vida la nostalgia, el echar de menos ciertas rutinas, el cariño, los abrazos, los entornos, los amigos, etcétera…en resumen, lo que suponía el contexto de la anterior relación, que no la relación en sí.
Los momentos de nostalgia, como las hemorroides, debieran sufrirse en silencio, pero de ellos provienen en su mayor parte las llamadas sorpresivas, los mensajes eventuales, los intentos de mantener amistades que alientan las esperanzas del otro o las difusas promesas de un hipotético regreso futuro, todo ello, seguido de desapariciones intempestivas.
Es decir: quien deja una relación suele vivir también un resto de duelo, unos coletazos de miedo o nostalgia y en respuesta a ello, siente el repentino impulso de contactar con la ex pareja para que le proporcione el alivio de saber que existe, que alguien por alguna parte, le sigue queriendo. Una vez que la ex pareja responde con cualquiera cosa (sea rabia, sea cariño, etcétera…) quien envió el S.O.S. se siente tranquilo y seguro y entonces ya no se volverá a saber de él hasta el próximo ataque nostálgico. En cierto modo, esas llamadas y mensajes le sirven para reafirmarse en su decisión, no para dudar de ella.

¿Qué ocurre cuando la persona dejada aplica contacto cero?
quesienteelquedejaAl perder completa y definitivamente cualquier vínculo o contacto con alguien que ha compartido tantas cosas, que ha sido como tu familia, uno se ve obligado, tanto como el otro, a aprender a perder.
En nuestra sociedad, no estamos preparados, ni mentalizados para afrontar pérdidas. La única información que nos dan desde la infancia al respecto, es que si algo desaparece, va a al cielo. Pero nadie tiene a bien indicar que las personas y cosas se van perdiendo, que es necesario llorarlas, que toda pérdida requiere un proceso de aceptación y que nada ni nadie puede sustituirse, por mucho que huyamos hacia adelante buscando una persona tras otra.
Así pues, si la persona que tomó la decisión tampoco tiene los recursos para dejar ir, el contacto cero le enfrentará a la siguiente disyuntiva: o bien, regresar la relación perdida, o bien desarrollar estos recursos y madurar.
¿Puede no sentir nada la persona que deja?
Puede ocurrir. Cuando se abandona una relación, lo que duele es el desprendimiento de un vínculo y el renunciar a esa conexión con esta persona. Si se ha vivido la relación de forma distante, o sin quitarse la coraza, o sin conectar realmente con el otro, la ruptura pasará sin pena ni gloria.

QUe es lo que Realmente DUele cuando Termina una Relacion...

Terminar con alguien también tiene que ver con el ego, las costumbres y otras cosas que no necesariamente son sentimentales y a veces son más vicerales y auténticas que el sentimiento en sí.


Terminar una relación, siempre va de la mano con lo que ya sabemos: estar triste, llorar, odiar, estar más triste, algunos actos patéticos hasta que logras -ojalá lo más pronto posible- recuperarte y seguir con tu vida.
Y si hablamos de por qué, pero de exactamente por qué nos ponemos tristes, creo firmemente que hay infinitas cosas que las que uno pensó desde el sentimiento a secas. Por ejemplo:

Te duele el ego:

Cuando alguien te patea o tú lo pateas, viene un vacío terrible ¿Por qué? ¿No eres tan bacán acaso? ¿Por qué ya no te quiere a tí? Insisto: claro que hay sentimientos involucrados, pero gustarle a un otro, ser importante para un otro, también tiene mucho que ver con tu autoestima o cómo te paras frente al mundo. Estoy súper convencida que mucho del dolor de terminar, tiene que ver con que lo primero pateado no eres tú ni tu trasero, sino el ego, ese de mantener una relación, de llevar a alguien de la mano, de tener a alguien que influyes y armas proyectos. Peor aún si hay relaciones con otras personas involucradas ¿Que tiene ella/ él que no tenga yo? Aunque uno no lo diga, es una pregunta frecuente en la cabeza.

Las costumbres:

Querámoslo o no, somos seres de ritos. Nos acostumbramos a tener a alguien al lado, nos resulta cómodo, a tal nivel que más de alguna vez nos quedamos ahí por la lata que significaría volver a empezar, volver a buscar. Se nos estanca la actitud de conquista, si total estamos con alguien que ya nos quiere así. A muchos no les gusta o  no se acostumbran a estar solos, y por eso mismo no acaban con relaciones que no les gustan, sólo por no terminar. 

El grupo:

O comparten los mismos amigos, frecuentan los mismos espacios o te llevas demasiado bien con la familia. Muchas veces terminar con él tiene harto de cortar con un círculo de lazos, aunque no quieras y no tenga tampoco por ser así. Pero a veces estos ex se mueven en lugares similares. Como por ejemplo, cuando era costumbre ir donde la tía Carlota los domingos y jugar play con los primos, eso pasa. Cuando decidieron comprar un perro y le pusieron nombre, pasa. Cuando eres amiga de sus amigos o hasta trabajan juntos, pasa. A todos nos pasa. Un ratito más que sea. O dejas de ver a gente, o dejas de ir al mismo barcito de siempre o dejas el taller en que están juntos. Y como da pena, en algunos casos terminar se dilata demasiado o se vuelve un infierno justamente por este punto.

Seguridad:

Ya sea emocional, económica, familiar, estar con alguien significa que te planteas de cierta manera ante la vida y ciertas situaciones. Cuando estás con alguien piensas distinto a cuando estás sol@. Perder eso te desastabiliza más que un terremoto grado 9 y con maremoto. Pero se puede estar solo, se puede volver a empezar, se puede avanzar. Es cosa de cuántas ganas quieras de estar bien tú y los tuyos (como los que tienen hijos o los que son demasiado dependientes económicamente). Muchos han podido, muchas han podido solas ¿Por qué tú no?

No fuiste capaz:

El creer que en una relación más cosas dependen de tí que de otra persona (y no de ambos por igual) hace pensar que habiendo hecho más (o de menos), las cosas podrían haber sido mejores. Y claro, probablemente -eres human@- hay cosas que no hiciste o que hiciste mal, pero la tecnología todavía no está tan avanzada como para hacernos volver en el tiempo. Lo que pasó, ya fue. Aunque cueste. Pero ya fue. Y para bien o para mal no puedes hacer mucho por eso que ya fue. Además, por algo ya fue. Pero igual viene eso, como de querer ser capaz de solucionar las cosas, de esforzarse porque quieres a la persona o porque te cuesta decir que de verdad, no fuiste capaz de mantener esa relación, aunque suena mejor pensarlo en plural.
Obvio que terminar una relación tiene que ver con los sentimientos, pero estoy segura que hay más. Siempre. Cosas que a veces no queremos ver y que, personalmente, pienso más vicerales y auténticas que sólo que querías a alguien y por eso te duele un fin. Porque siempre, siempre hay mucho más involucrado.

El amor no necesita ser perfecto, sino verdadero

El amor no se puede definir, porque definir es limitar y el amor no tiene límites. La perfección no existe, ni siquiera en el amor. Sin embargo, es importante aspirar a conseguir lo mejor, lo más satisfactorio y lo que nos haga sentir bien.
Digamos que en estas cuestiones no nos tenemos que conformar, sino que tenemos que trabajar por ser sinceros con nosotros mismos y con nuestros sentimientos. Disfrutar de un amor pleno y verdadero requiere de un trabajo interno previo que puede resultar complicado. Para ello, debemos desprendernos de todas las ataduras que encierran nuestras ideas anteriores.

No existen medias naranjas, no nos pueden complementar, no somos la vida de nadie ni tenemos que aspirar a serlo. Esto es complicado porque, como hemos comentado en otras ocasiones, choca con las ideas hiper-románticas que hemos ido absorbiendo de las historias Disney y las películas de Hollywood.

Es decir, lo que no es saludable no es el apego, el cariño intenso o la inclinación hacia una persona, sino el hiper-apego, o sea, la necesidad y dependencia del otro para realizarnos.
Así, una vez que entendamos que no podemos cargar a nadie con la responsabilidad de completarnos, de paliar nuestras carencias o de resolver nuestros conflictos, comprenderemos lo que realmente podemos esperar de un amor verdadero.
 
 
 
 

El amor verdadero, el pilar de nuestro bienestar

Un amor poco saludable es aquel en el que perdemos el norte, nuestra propia identidad y nuestras relaciones por estar sumergidos en “cuidar” de un sentimiento que nos absorbe. Esto no es el amor perfecto, aunque nos hayan vendido que este bonito sentir tenga que ser tan intenso siempre que nos obligue a cambiar nuestro universo.
Tampoco un amor verdadero es aquel que no tiene problemas o que no discute, sino aquel que es capaz de solucionar sus diferencias o convivir con aquellos aspectos que son irresolubles.
Un cariño y un amor saludables te enseñan a escuchar las miradas de complicidad, a besar las caricias y a amarrar con fuerza la realidad de ser feliz.
El amor necesita de un lugar en el que mecerse, dormir y resguardarse. Necesita de ti para existir, porque si no te amas no podrás amar. Y, a su vez necesita, del otro para poderse realizar. Ambas partes son imprescindibles.


“Al final te das cuenta que lo pequeño siempre es más importante. Las conversaciones a las tres de la mañana, las sonrisas espontáneas, las fotos desastrosas que te hacen reír a carcajadas, los poemas de diez palabras que te sacan una lágrima. Los libros que nadie más conoce y se vuelven tus favoritos, una flor que te pones en el cabello, un café que te tomas solo… Eso es lo que verdaderamente vale la pena; las cosas diminutas que causan emociones gigantescas”.

miércoles, 26 de abril de 2017

Decir Adios tambien Cuenta como Amor...

 
Aqui estoy  otravez llorandole a la vida  Rasgando mis heridas por que
Quizá algún día tengo el honor de corroborar de que dices es cierto....
Quizá algún día tus acciones muestren más de lo que tus palabras dicen
Quizá algún día tendré  la oportunidad de verte a los ojos y decir si es cierto... esta vez no miente y puedas responder todas mis dudas y preguntas sin molestarte 
Quizá algún día mi matemática  lógica cuadre con la tuya
Quizá  y solo quizás, algún día me puedes demostrar que lo nuestro no fue mentira...
Quizá algún día dejaré de ser la otra en tu vida 
Y entonces quizá ese día podré decir que la historia de amor más bella es la tuya y la mía .

Mientras tanto sigue disfrutando tu vida, eso es lo que nos toco vivir, no hay por qué mentir.

 Y al igual como en hace tiempo atras  lo entendí, entendí que la amabas que tu hijo era el pretexto perfecto para seguir con ella y que decir  same page.  Nada cambió 10 años para consolidar un hermoso Matrimonio, familia perfecta, 2 hijos ( la parejita) , mama y papa. Que más pedir . Tu todo un profesional ya no necesitas nada más. Misión cumplida Ingeniero.  Que todo le siga saliendo bien como hasta ahora.  Lo sé solo me dices lo que yo quiero escuchar que si me amas y algún día me lo demostraras eso sí sin daños a terceros... so hay cuartos quintos y sextos.... 

Esperar, esperar....
Algún día me darás mi lugar.
Espero estar aún con vida cuando eso se llegue a dar,
Solo te repito 
Decir Adiós también cuenta como Amor.

Hasta El día en que en verdad tenga un lugar real en tu vida y en tu corazón.   tengo el honor de corroborar de que dices es cierto....
Quizá algún día tus acciones muestren más delo que tus palabras dicen
Quizá algún día tendré  la oportunidad de verte a los ojos y decir si es cierto... esta vez no miente y puedas responder todas mis dudas y preguntas sin molestarte 
Quizá algún día mi matemática  loica cuadre con la tuya
Quizá  y solo quizás, algún día me puedes demostrar que lo nuestro no fue mentira...
Quizá algún día dejaré de ser la otra en tu vida 
Y entonces quizá ese día podré decir que la historia de amor más bella es la tuya y la mía .

Mientras tanto sigue disfrutando tu vida, eso es lo que nos toco vivir, no hay por qué mentir.
Hasta El día en que en verdad tenga un lugar real en tu vida y en tu corazón.
Te digo Adios por que también cuenta como AMor.

lunes, 24 de abril de 2017

A mi Madre, de Mujer a Mujer

Hoy te escribo a ti, mamá. Porque en mi vida eres prosa y verso, introspección y expresión. El poder que me has transmitido desde tu vientre y a lo largo de los años es inmensurable, y crece con cada día que pasa.
No sé bien cómo explicarlo, pero ese lazo tan fuerte, inquebrantable, del que soy afortunada de poseer, me hace sentir calma en momentos de angustia, y compañía en momentos de completa desolación.
Te agradezco por enseñarme que las montañas son altas sólo si se miran desde abajo, que las nubes también se desvanecen en llanto y después retoman su figura, que los tropiezos y las caídas dejan moretones que desaparecen pronto y que no hay cosa más hermosa en ésta vida que vivirla.

Gracias por haber desarrollado el don de la paciencia y la virtud de la tolerancia, por no quebrarte y desmoronarte en mil pedazos. Por haber sacrificado tanto, tu tiempo, tus sueños, tu espacio y tu vida.
Por dedicarme cada segundo, de cada minuto y de cada hora. Y como si todo eso no fuera suficiente, por acudir a mí con una sonrisa en noches de pesadillas y momentos de fragilidad.

Te admiro porque eres tan sencilla y complicada a la vez, porque caminas sobre una línea recta incluso cuando el camino se torna curvoso.

De ti he aprendido que más no es siempre lo mejor, pero que no hay que conformarse con menos. Que a veces no hay palabras para describir los sentimientos, pero que un abrazo cariñoso y sincero siempre logra llenar vacíos.

Gracias por hacerme una mujer fuerte, honesta, fiel. Por enseñarme que no existe tal cosa como una media naranja, y que debo estar completa y aprender a amarme a mí misma para poder amar a alguien más.
Por recordarme que no hay cosa tan esplendorosa y mágica como una sonrisa, y que todo aquello que logramos ver en la persona que se encuentra delante, es simplemente el reflejo de lo que transmitimos.
Que con cada hijo que llena nuestras vidas vienen retos y obstáculos, pero que el amor y la entrega no se dividen, solamente se multiplican.
Que por el simple hecho de existir, todos merecemos respeto, atención y cariño, y que son las diferencias las que nos hacen únicos y nos engrandecen.
Te agradezco por amarme por sobre todo, y por hacer de mí, tu plan de vida.
A ti mamá, de mujer a mujer, te agradezco tanto.

Amiga mia tengo que Decirtelo... El no te Merece

Mi querida amiga, hermana del alma, las palabras que hoy te escribo nacen desde lo más profundo de mí.
Te miro y mi corazón se rompe al igual que el tuyo, en mil pedazos, en fragmentos que parecen infinitos, que cortan como dagas envenenadas la piel.
Sé muy bien que más que el corazón, te ha desgarrado la vida. Ha roto sin previo aviso un pedazo de ti, la ilusión de caminos e historias compartidas durante mucho tiempo.
Pero te ruego, si no me escuchas, léeme. Te lo digo por experiencia, él no te merece. Porque mientras fuiste suya dejaste de ser tuya. Porque intentaste complacer caprichos ajenos y llenar vacíos que no te correspondían.
Porque a una mujer como tú se le demuestra amor verdadero, no se le promete. A alguien tan entregada y apasionada se le considera una musa, no una carga. Se cuentan los minutos y los segundos de su ausencia, no de su presencia.

Se me eriza la piel con tan sólo pensar en que pudiste haber acabo así, triste y dominada, enmudecida por gritos de agresión y desesperanza.

En cambio, mereces a un hombre que te haga radiar como la luz del sol. Que te apoye en todo aquello que deseas y que te impulse a ser mejor cada día. Que te tome de la mano y te lleve siempre a un lado, no detrás. Que no necesite más que tu sonrisa para comenzar o terminar satisfecho su día.
Que te admire por cada esfuerzo que haces por pasar más tiempo con él. Que te tome entre sus brazos y sepa que es el ser humano más afortunado del planeta por el simple hecho de tenerte.
Mereces a alguien que te comprenda, que te obligue a encontrarte a ti misma y te engrandezca. Que te escuche sin juzgarte y te ame sin excusas.
Te lo repito una vez más, él no te merece. Y lo corroboro con el simple hecho de que te dejó machar por siempre. Quédate tranquila, el indicado jamás lo hará.

domingo, 23 de abril de 2017

Para el Amor que nunca me Perteneció...

No hay sentimiento más absurdo que extrañar a alguien que está sentado al lado de ti, quererlo abrazar y no poder porque ya no te corresponde. Querer hablarle y ya no tener ni palabras para hacerlo.

¿CÓMO ES QUE ANTES PODÍAMOS PASAR LA NOCHE ENTERA HABLANDO SIN DORMIR Y AHORA SÓLO NOS INVADE UN SILENCIO INCOMODO EN DONDE NO HAY PALABRAS QUE LO PUEDAN ROMPER? ¿CÓMO ES QUE ANTES ÉRAMOS TAN UNIDOS Y AHORA PARCEMOS COMPLETOS DESCONOCIDOS?

No sé si en verdad estoy enamorada de ti o sólo estoy encaprichada con la idea de tenerte y sea cual sea la realidad, me siento una estúpida por no poder seguir adelante sin ti y me repito una y otra vez que no te necesito, que puedo seguir con mi vida sin que tú estés en ella pero el simple echo de pensar en una vida sin ti me aterra, me da panico perderte.
Aunque siendo sinceros, nunca te tuve, jamás he podido decir que eras mío y no hay reclamos que hacer, no existieron títulos de por medio, soy una tonta por pensar que alguna vez me quisiste, si en verdad lo hubieras hecho estaríamos juntos en éste momento.
El problema es que me encanta crearme historias de amor en la cabeza, fantasear con la idea de que algún día me vas a querer de la misma manera en la que yo te quiero a ti; la realidad es que yo era esa que siempre estaba para ti aún cuando tú nunca estuviste para mí, ni en las buenas ni en las malas.
Yo siempre he sido tu segunda opción y ya me cansé de serlo y por primera vez me doy cuenta de que no me mereces. Valgo mucho como para estar mendigando sobras de amor, tú no te mereces mis lágrimas y yo merezco un amor de verdad, sonrisas completas, palabras reales pero al parecer tú jamás aprendiste a valorarme.
Espero que no me extrañes porque ya me cansé de estar aquí para ti, el día de mañana que te des cuenta de que conmigo podías ser feliz, sólo espero que sea demasiado tarde, porque para entonces yo ya habré aprendido a partir.

Me perdiste, Porque no supiste Amar a Alguien como Tu

Me perdiste”, bien te lo advirtieron, “no la dejes ir, cuídala”
Lástima , te confiaste. Creíste que porque pensé que eras el indicado, ahí me iba a quedar, arraigar. Qué pena, me creías tener segura, porque te buscaba, porque te procuraba, porque te esperaba, qué pena.
Y bien lo sabes tú y bien lo sabe el resto, que como mis abrazos no habían, que como mis defectos no vas a volver a toparte. Y pensaste, que mis palabras no iban a cambiar, que mis promesas iban a encontrar excusas para quedarse, pues, pensaste mal.
Me da pena, porque te quise, porque después de cada lluvia y de cada una de tus tormentas, siempre te esperé con un paraguas, siempre sequé tus lágrimas, tus penas. Lástima, porque creías que me quedaría adherida a tus sábanas, a tu andar… porque jurabas y firmabas en sangre que me quedaba para siempre.
Es un poco triste, decepcionante. Tenías la mente en otro lado, querías un poco de todo y te olvidaste que alguna vez me dijiste ser tu todo. Lástima  hiciste que me fuera. 
Lástima, querido mío. Porque cuando yo te miraba, miraba galaxias. Porque cuando yo te sentía, me quedaba llena. Porque cuando yo te amaba, lo hacía como nadie. Y qué triste, porque yo reí contigo como con nadie más, porque fui más yo cuando estuve contigo, porque cuando tú querías comer el mundo, conocer todo y acaparar todo yo estuve ahí, ofreciéndote mis bolsillos para guardar tus sueños y deseos.
Mal por ti, . Porque no te importé, porque nunca me diste más de un par de espacios en tu calendario, porque fui siempre tu segunda opción… porque a pesar de nunca haber sido demasiado tarde, a pesar de las segundas oportunidades, no te importó, no te importé.
Y ésta, es una lástima que te lastima, porque bien sabes tú que la fragancia de menta que usaba nunca te olerá igual y que cualquier par de tacones nunca le harán justicia a mi altura.
Qué mal, qué disgusto. Porque me vas a extrañar, al final del día cuando te sientas cansado, al inicio del día cuando se te antoje mi café tostado, porque me vas a extrañar cuando te pregunten por mí, cuando no sepas qué decir cuando oigas mi nombre, cuando no sepas qué sentir cuando regreses a nuestros lugares, cuando suenen esas canciones que malamente cantábamos juntos.
Lástima, mi amor. Dejaste ir el sabor de mi piel, mis pésimos chistes, mis días malos, mis berrinches, mis mil formas de tocarte y amarte. Me dejaste ir, me soltaste… abriste los dedos y me escurrí entre ellos.

SÍ, ES UNA LÁSTIMA PORQUE AUNQUE ESTÉS ACOMPAÑADO TE VAS A SENTIR BIEN SOLO Y AUNQUE TE SIENTAS LLENO SIEMPRE VAS A TENER MI AUSENCIA PRESENTE.

Lástima. Bien lo sabías, que mi nombre de tu cabeza no se iba a ir, que ibas a pensar en mí cientos de veces y que, dentro de ti, siempre ibas a desear encontrarme entre la multitud. Me dejaste y no fue por tu mala suerte, fue porque te cegaste y no quisiste verme. Me arrimaste, no procuraste, me evitaste y me empujaste a esto.
Me perdiste, por tonto. Porque no supiste ni qué, ni cómo hacerlo. Porque fui demasiado.
Yo sí te quise bien, de esos sentimientos crudos y terribles, de esos que duelen, de esos en los que sientes que las mariposas se te escapan por las llagas. Yo te veía y veía uno de esos amores de por vida, yo te veía con expectativa. Yo te quería con todos tus defectos y tú me diste por sentada.
Creíste, creíste que ahí me ibas a tener y que no me iba a atrever a dejar ir al amor de mi vida lo ves no fue asi, yo como tu tengo un futuro mejor y ese no  eres tu..